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En la Escuela Martina Silva de Gurruchaga de Buenos Aires, donde estudio cuando era niño el gran escritor chileno Manuel Rojas, se instaló una placa recordatoria de su paso por ese establecimiento, y en el cual le nació su amor por la literatura.
La ceremonia se efectúo, el 16 de octubre pasado, con la presencia del Embajador de Chile en Argentina, Luis Maira; la madre de la Presidenta Bachelet, Ángela Jeria; la Directora de la Escuela Matilde del Valle Reyes; la Directora para las Comunidades Chilenas en el Exterior, Anita de Aguirre; funcionarios del Gobierno de Capital Federal; representantes del Ministerio de Educación de Argentina; el Presidente de la Junta de Estudios Históricos del Barrio Boedo, Aníbal Lomba, y personal de nuestra misión diplomática. La familia representada por sus hijos María Eugenia, Paz y Patricio, y su nieta Estela Ortiz, Secretaria de la Junta Nacional de Jardines Infantiles, agradecieron el homenaje.
La instalación de dicha placa fue gestada por Jorge Guerra, estudioso de la obra de Rojas y la Dicoex con el apoyo de la Agregada de Cultura de la Embajada, Francisca Montealegre, quienes iniciaron las conversaciones con las autoridades de la Escuela en el marco de las actividades Bicentenario. Asimismo, se hizo una donación de las obras del escritor chileno y de otros autores nacionales para la Biblioteca “Gabriela Mistral” del establecimiento.
Muy emotiva fue la ceremonia inaugural. Se leyó el saludo enviado por la Presidenta Michelle Bachelet, en el que recordó: “tuve no sólo el privilegio de conocerlo, sino de sentirlo parte de la familia, y por eso me alegra y me emociona que su persona y su obra sean recordadas con homenajes tan significativos como este”. Los discursos del Embajador, así como de la Directora de la Escuela y del experto Jorge Guerra, dieron cuenta de los años desconocidos de Manuel Rojas en Argentina. Pocos sabían que Rojas, autor de la excelente novela “Hijo de Ladrón”, nació en Buenos Aires. Sus padres chilenos habían emigrado a ese país en busca de mejores condiciones de vida. La permanencia de la familia fue dura, les costó integrarse y buscar trabajo. Pero, fue en el Barrio de Boedo, en la Capital Federal, donde Manuel Rojas vivió sus mejores años de infancia que los recordaría después en varias de sus novelas.
Jorge Guerra, de profesión arquitecto, es uno de los pocos, sino el único estudioso de la vida y obra de Manuel Rojas. Su pasión por el gran narrador chileno lo llevo a tocar varias puertas para proponer la instalación de esa placa en recuerdo del novelista chileno. Así, llegó hasta la Dirección para la Comunidad de Chilenos en el Exterior que lo acogió y entendió el gran significado moral y de reconocimiento que el hecho tenía en vísperas del Bicenetenario. Dicoex solicitó a la Embajada en Argentina realizar gestiones oficiales ante la Dirección de la Escuela con tal fin, financió la placa y apoyó la presencia de Jorge Guerra en la ceremonia en Buenos Aires.
En su intervención Guerra, reveló algo sorprendente de la infancia de Manuel Rojas: “Hace 100 años, en una clase de composición oral de la Escuela a la que asistían los alumnos con sus padres, se les pidió a los niños construir una frase incluyendo la palabra corazón. Cuando le tocó el momento a Manuel Rojas declaró: yo guardo en mi corazón las últimas palabras que dijo mi padre antes de morir. Esta sería su primera creación literaria de ficción, ya que Manolo no estaba presente cuando su padre falleció. Era también su primer triunfo literario, ya que tuvo el reconocimiento de todos sus compañeros, que lo destacaron por la sentida frase. Y motivó, también, el reto de su severa madre por la mentira dicha. Doña Dorotea no entendía aquello de las licencias literarias”.
Por su parte, la Editorial Zig-Zag participó gustosa en este evento. Confeccionó y donó a la Biblioteca de la Escuela libros de su sello y un afiche del escritor, junto a los poetas Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda, el que fue muy bien acogido por las autoridades educacionales. Asimismo, se valoró la presencia de esta editorial chilena y su esfuerzo por participar en proyectos como el que se desarrolló en Buenos Aires, más aún cuando se trata de apoyar en los niños el conocimiento de la literatura chilena y sus autores.
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