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Miércoles, 14 Octubre 2009
Valeria Salas, Alemania
Nos conocimos en Septiembre de 1999. Fue amor a primera vista. Él, un gringo Alemán que visitaba Chile. "Pinchamos", nos pusimos a pololear, sin embargo él tenía pasajes de regreso a Alemania para noviembre.
Con su buen castellano y acento alemán me dijo: "Ven conmigo a Alemania".... Uy, yo estaba viviendo un sueño dorado. No titubié para nada y le dije inmediatamente: "Sí". Así comenzó la cuenta regresiva para mí, tenía sólo 2 meses para despedirme de mi Chile amado, de mis padres, hermanos y amigos.
En poco tiempo saqué una visa de turista. Llegó el 26 de noviembre de 1999 y era la hora de decir Adiós. Me la lloré toda. Mis padres aún más. Pero dentro de toda mi tristeza de dejar mi Chile querido y mis seres amados, no estaba arrepentida de partir junto con mi amado príncipe.
Mirando por la ventana del avión con destino a Koeln, Alemania, me despedí con los ojos llenos de lágrimas de toda una etapa y dándole la bienvenida a un nuevo capítulo en mi vida.
Llegando a Alemania, queríamos casarnos y como tenía visa de turista no podía hacerlo, debía cumplir muchos requisitos, rellenar formularios y esperas burocráticas muy largas. Así que nos fuimos a casar a Dinamarca, en Faaborg, el 29 de diciembre de 1999, siendo válido para Alemania y Chile también.
Alex, mi esposo, ha sido un excelente complemento. He recibido mucho apoyo de su parte y fuerzas para soportar la distancia, la nostalgia por Chile, el echar de menos a mis padres. La vida acá fue muy dura al principio, no todo era tan color de rosa, ya que yo no hablaba ni una pizca de alemán. Me moví al principio con inglés, para comprar el pan, para ir al correo, en fin. Pero el sistema, finalmente, obliga a hablar el Alemán, sí o sí. Tomé clases en el Volkshochschule Koeln, donde conocí muchos latinos y entre medio a una chilena de Concepción. El tener contacto con otras personas de habla hispana me ayudó a no sentirme en "corral ajeno". Con los años aprendí el idioma, lo que no me resultó fácil. Ya llevo 9 años con residencia en Alemania y aún no hablo perfecto, pero sí lo suficiente como para desenvolverme sola, entablar conversaciones o trabajar. Muy ocasionalmente he tenido que soportar el racismo. Pero en general el alemán de hoy es muy tolerante con los extranjeros y muy amigable. Ya que es un país marcado por una dura historia que no desean volver a repetir.
Cuando conocí a mi esposo yo tenía 25 y él 42. Hoy tengo 34 y él 52, 9 años de casada, 9 años en Alemania, 2 hijos hermosos: Sissi de 4 años nació en Santiago de Chile y Daniel de 2 añitos nació acá en Alemania. Somos una familia bilingüe, asistimos cada 18 de Septiembre para celebrar las Fiestas Patrias en Munich, con nuestros amigos compatriotas. Visitamos Chile 1 vez al año como familia, nunca dejamos de ir a Papudo, donde pasamos nuestros románticos momentos frente a bellas puestas de sol. Extraño muchísimo mi Chile querido, echo de menos las playas, una rica reineta a la plancha frente al mar, extraño hasta las cosas mas simples como una típica feria chilena donde los vendedores gritan su mercadería, fruta y verdura... echo de menos el aroma del eucaliptus, los aromos, el canto del queltehue, deseo muchísimo volver donde yo nací. Acá vivo en Kochel am See es maravilloso y paradisíaco, pero ningún lugar puede sobrepasar, para mí, la belleza de nuestro país. Sé que algún día volveré, sea como sea. Mi amado Chile, te llevo en la sangre.
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